Dale las gracias a la Fortuna
cuando pródiga se muestre esta,
no escatimes de hacerlo en las horas
que Ella designa y nos presta.
Más frecuentes de lo que supones
son aquellas jornadas gozosas
cuando resistes los zarandeos
que da Ella en horas penosas.
Tan mutante es la nuestra suerte,
tanto deleita y nos complace
y nos insulta y nos fustiga,
que tarde sabemos si nos hace
de sus caminos justos indicios.
Su natural esencia cambiante
sería un tormento seguro
sin cierta certeza constante.
Y es que méritos y empeños
en escaso tiempo nos hacen
ajenos a la mala suerte
y también a la que nos place.
Y aunque nos haga caricias
y nos golpee sin razón,
superior a ella seremos
de seguir nuestra vocación.
Se mantiene firme el hombre
y se despoja de la muerte,
si da el alma al trabajo
acatando su propia suerte.
Pues el que acepta su destino
y sigue su hado singular
uno es con el ancho mundo,
con su sabia necesidad.
Febrero de 2011
© Wilhelmus Blaranzita