Vestido verde y fino donaire
en mujer de formas apetecibles
al infeliz de pasiones temibles
llena y no dejan pasar un aire.
Al son de un tango de Buenos Aires,
crees el reino profano terrible.
Tímida pisas la tierra, sensible,
a polvo y asfalto haciendo desaires.
Mas bien te olvidas en ardiente abrazo,
en un cuerpo sólo fundidos ambos,
dejando al mundo tras cada paso.
En ojos claros, que brillan de amor,
mirada lasciva, sublime acaso,
A etéreo llega'l divino ardor.
Noviembre de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
lunes, 29 de agosto de 2011
sábado, 20 de agosto de 2011
Atardecer
(Parte de la serie "Visiones de Aysén")
Me parece que'l buen astro anuncia
su retiro del diario escenario
de las pétreas cúspides altas,
pastizales, arroyos y lagos,
y mi rostro olvidado de mí
por los vientos se deja querer,
mientras miro la sierra inmensa,
con mil árboles a ella asidos,
y sus cumbres de blanco alfombrado
recubiertas por cirro inconstante.
Debo entonces también retirarme,
y dejar atrás todas mis cargas.
Volar lejos de mí, si pudiese,
y despierto soñar en sopor.
Bajo árboles merodeando
me encamino al tibio refugio
por el parque a mi familiar
a través de mojados arbustos,
yerba verde y mustio empedrado
tan de liquen y musgo vestido.
Bajo tilos y pinos frondosos,
bajo copas y troncos antiguos,
bajo'l húmedo soplo del viento,
que gentil al follaje remece,
¡Ya dormíos, inquieta alma mía!
Más allá, tras el viejo gran pino,
la cordial chimenea te aguarda,
cuya llama el frío apacigua
y'l ardor en mi pecho también,
el que una aysenina me enciende.
Marzo de 2011
© Wilhelmus Blaranzita
Me parece que'l buen astro anuncia
su retiro del diario escenario
de las pétreas cúspides altas,
pastizales, arroyos y lagos,
y mi rostro olvidado de mí
por los vientos se deja querer,
mientras miro la sierra inmensa,
con mil árboles a ella asidos,
y sus cumbres de blanco alfombrado
recubiertas por cirro inconstante.
Debo entonces también retirarme,
y dejar atrás todas mis cargas.
Volar lejos de mí, si pudiese,
y despierto soñar en sopor.
Bajo árboles merodeando
me encamino al tibio refugio
por el parque a mi familiar
a través de mojados arbustos,
yerba verde y mustio empedrado
tan de liquen y musgo vestido.
Bajo tilos y pinos frondosos,
bajo copas y troncos antiguos,
bajo'l húmedo soplo del viento,
que gentil al follaje remece,
¡Ya dormíos, inquieta alma mía!
Más allá, tras el viejo gran pino,
la cordial chimenea te aguarda,
cuya llama el frío apacigua
y'l ardor en mi pecho también,
el que una aysenina me enciende.
Marzo de 2011
© Wilhelmus Blaranzita
sábado, 13 de agosto de 2011
Traducción: "Those Dancing Days are Gone" por William Butler Yeats
William Butler Yeats (Dublin, 13 de junio de 1865 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 28 de enero de 1939), poeta y dramaturgo irlandés. Envuelto en un halo de misticismo, Yeats ha sido una de las figuras más representativas del renacimiento literario irlandés y fue uno de los fundadores del Abbey Theatre. También ejerció como senador. Fue galardonado con el Premio nobel de Literatura en 1923.
Original:
Come, let me sing into your ear;
Those dancing days are gone,
All that silk and satin gear;
Crouch upon a stone,
Wrapping that foul body up
In as foul a rag:
I carry the sun in a golden cup.
The moon in a silver bag.
Curse as you may I sing it through;
What matter if the knave
That the most could pleasure you,
The children that he gave,
Are somewhere sleeping like a top
Under a marble flag?
I carry the sun in a golden cup.
The moon in a silver bag.
I thought it out this very day.
Noon upon the clock,
A man may put pretence away
Who leans upon a stick,
May sing, and sing until he drop,
Whether to maid or hag:
I carry the sun in a golden cup,
The moon in a silver bag.
----
Interpretación
Ven, y déjame cantarte'l oído;
esos días airosos ya no vuelven,
toda seda y satín que has vestido;
en una piedra a gachas envuelve
ese fétido cuerpo en mortaja
harapienta de idéntica cata:
"llevo al sol en mi copa dorada
y la luna en mi bolsa de plata."
Di cuanto gustes, yo voy a cantarte;
¿qué me importa si aquel triste bribón,
que pudo bien placeres regalarte,
y los hijos que él te concibió
yacen ahora durmiendo y más nada
Bajo marmórea, fría oriflama?
"Llevo al sol en mi copa dorada
y la luna en mi bolsa de plata."
Lo pensé hasta llegado'ste día.
A mitad de la hora recorrida,
un hombre que deje la altanería,
que por sobre bastón pase su vida,
puede cantar, y a voces todas,
bien a doncella o a la anciana:
"llevo al sol en mi copa dorada
y la luna en mi bolsa de plata."
viernes, 5 de agosto de 2011
Brahman (epigrama)
Por igual pequeñas y grandes criaturas,
en ellas y en mí, por siempre perduras.
Tú, única esencia, núcleo del Cosmos,
el que en tí vive, en todo su entorno,
nada teme, no, y nada requiere
aunque pequeñito en el mundo fuere
y si bien no puedo a la cara verte
un corazón somos en vida y muerte.
Enero de 2011
© Wilhelmus Blaranzita
en ellas y en mí, por siempre perduras.
Tú, única esencia, núcleo del Cosmos,
el que en tí vive, en todo su entorno,
nada teme, no, y nada requiere
aunque pequeñito en el mundo fuere
y si bien no puedo a la cara verte
un corazón somos en vida y muerte.
Enero de 2011
© Wilhelmus Blaranzita
sábado, 30 de julio de 2011
La Fortuna
Dale las gracias a la Fortuna
cuando pródiga se muestre esta,
no escatimes de hacerlo en las horas
que Ella designa y nos presta.
Más frecuentes de lo que supones
son aquellas jornadas gozosas
cuando resistes los zarandeos
que da Ella en horas penosas.
Tan mutante es la nuestra suerte,
tanto deleita y nos complace
y nos insulta y nos fustiga,
que tarde sabemos si nos hace
de sus caminos justos indicios.
Su natural esencia cambiante
sería un tormento seguro
sin cierta certeza constante.
Y es que méritos y empeños
en escaso tiempo nos hacen
ajenos a la mala suerte
y también a la que nos place.
Y aunque nos haga caricias
y nos golpee sin razón,
superior a ella seremos
de seguir nuestra vocación.
Se mantiene firme el hombre
y se despoja de la muerte,
si da el alma al trabajo
acatando su propia suerte.
Pues el que acepta su destino
y sigue su hado singular
uno es con el ancho mundo,
con su sabia necesidad.
Febrero de 2011
© Wilhelmus Blaranzita
cuando pródiga se muestre esta,
no escatimes de hacerlo en las horas
que Ella designa y nos presta.
Más frecuentes de lo que supones
son aquellas jornadas gozosas
cuando resistes los zarandeos
que da Ella en horas penosas.
Tan mutante es la nuestra suerte,
tanto deleita y nos complace
y nos insulta y nos fustiga,
que tarde sabemos si nos hace
de sus caminos justos indicios.
Su natural esencia cambiante
sería un tormento seguro
sin cierta certeza constante.
Y es que méritos y empeños
en escaso tiempo nos hacen
ajenos a la mala suerte
y también a la que nos place.
Y aunque nos haga caricias
y nos golpee sin razón,
superior a ella seremos
de seguir nuestra vocación.
Se mantiene firme el hombre
y se despoja de la muerte,
si da el alma al trabajo
acatando su propia suerte.
Pues el que acepta su destino
y sigue su hado singular
uno es con el ancho mundo,
con su sabia necesidad.
Febrero de 2011
© Wilhelmus Blaranzita
domingo, 24 de julio de 2011
Árbol y Hombre
Las hojas de un árbol se mecen.
En dulce soplido se cobijan,
querer se dejan, se regocijan,
mayor evento no las remecen.
¿Pero qué de las humanas vidas?
Penosas criaturas somos, que
tras las más intensas sacudidas
solaz aguardamos a toda fe.
Tal aéreo, airoso celo
remoza su aspecto, lo mejora,
en dejando caer lo que ahora
son hojas secando en el suelo.
¿Pero qué del animal humano?
El correr de angustias y de horas,
con cruel e inexorable mano,
lo marchita y lo aminora.
Y, como jugando, un aliento
leve hace vibrar el follaje,
que musical a los ojos se hace,
sinfonía de luces al viento.
¡Pero qué es de mi y de ti!
¡Juegan con nos en conspiración
anhelo y destino sin fin,
y es triste, dolorosa canción!
© Wilhelmus Blaranzita
(Diciembre de 2010)
En dulce soplido se cobijan,
querer se dejan, se regocijan,
mayor evento no las remecen.
¿Pero qué de las humanas vidas?
Penosas criaturas somos, que
tras las más intensas sacudidas
solaz aguardamos a toda fe.
Tal aéreo, airoso celo
remoza su aspecto, lo mejora,
en dejando caer lo que ahora
son hojas secando en el suelo.
¿Pero qué del animal humano?
El correr de angustias y de horas,
con cruel e inexorable mano,
lo marchita y lo aminora.
Y, como jugando, un aliento
leve hace vibrar el follaje,
que musical a los ojos se hace,
sinfonía de luces al viento.
¡Pero qué es de mi y de ti!
¡Juegan con nos en conspiración
anhelo y destino sin fin,
y es triste, dolorosa canción!
© Wilhelmus Blaranzita
(Diciembre de 2010)
sábado, 16 de julio de 2011
Traducción: "Die schöne Nacht" por Johann Wolfgang Goethe
Continúo traduciendo piezas de grandes poetas. Espero tener pronto a disposición de uds. (ojalá para esta semana que viene) más versos de mi propia hechura.

Johann Wolfgang von Goethe (ˈjoːhan ˈvɔlfɡaŋ fɔn ˈɡøːtə) (28 de agosto de 1749, en Fráncfort del Meno, Hesse, Alemania – 22 de marzo de 1832, en Weimar, Turingia, Alemania) fue un poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán que ayudó a fundar el romanticismo, movimiento al que influenció profundamente. En palabras de George Eliot fue "el más grande hombre de letras alemán... y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra".
Die schöne Nacht
Nun verlaß ich diese Hütte,
Meiner Liebsten Aufenthalt,
Wandle mit verhülltem Schritte
Durch den öden, finstern Wald.
Luna bricht durch Busch und Eichen,
Zephir meldet ihren Lauf,
Und die Birken streun mit Neigen
Ihr den süßen Weihrauch auf.
Wie ergötz ich mich im Kühlen
Dieser schönen Sommernacht!
O wie still ist hier zu fühlen,
Was die Seele glücklich macht!
Läßt sich kaum die Wonne fassen!
Und doch wollt ich, Himmel, dir
Tausend solcher Nächte lassen,
Gäb mein Mädchen Eine mir.
----
Interpretación:
Dejo ahora esta choza
que's vivienda de mi amada,
a secretos pasos ando
por el bosque oscuro y solo.
Luna rompe'n los arbustos
y también en altos robles,
su carrera anuncia el Zéfiro,
y abedules a su rostro
dulce incienso espolvorean.
El frescor, ¡cuánto recrea!,
d'esta noche veraniega
¡Ah, cuán plácido sentir
lo que'l alma alegre hace!
¡Intuyo apenas el deleite!
Y aunque quiera a tí, Cielo,
de tal noche miles dar,
da a mi niña de mi parte
una sóla de aquellas.
Johann Wolfgang von Goethe (ˈjoːhan ˈvɔlfɡaŋ fɔn ˈɡøːtə) (28 de agosto de 1749, en Fráncfort del Meno, Hesse, Alemania – 22 de marzo de 1832, en Weimar, Turingia, Alemania) fue un poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán que ayudó a fundar el romanticismo, movimiento al que influenció profundamente. En palabras de George Eliot fue "el más grande hombre de letras alemán... y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra".
Die schöne Nacht
Nun verlaß ich diese Hütte,
Meiner Liebsten Aufenthalt,
Wandle mit verhülltem Schritte
Durch den öden, finstern Wald.
Luna bricht durch Busch und Eichen,
Zephir meldet ihren Lauf,
Und die Birken streun mit Neigen
Ihr den süßen Weihrauch auf.
Wie ergötz ich mich im Kühlen
Dieser schönen Sommernacht!
O wie still ist hier zu fühlen,
Was die Seele glücklich macht!
Läßt sich kaum die Wonne fassen!
Und doch wollt ich, Himmel, dir
Tausend solcher Nächte lassen,
Gäb mein Mädchen Eine mir.
----
Interpretación:
Dejo ahora esta choza
que's vivienda de mi amada,
a secretos pasos ando
por el bosque oscuro y solo.
Luna rompe'n los arbustos
y también en altos robles,
su carrera anuncia el Zéfiro,
y abedules a su rostro
dulce incienso espolvorean.
El frescor, ¡cuánto recrea!,
d'esta noche veraniega
¡Ah, cuán plácido sentir
lo que'l alma alegre hace!
¡Intuyo apenas el deleite!
Y aunque quiera a tí, Cielo,
de tal noche miles dar,
da a mi niña de mi parte
una sóla de aquellas.
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