En distancias infinitas
y en el tiempo eterno
se me consume en ascuas
el alma en tu recuerdo.
El corazón se me llena
de un goce melancólico
y en su bondad recurro
a las invenciones sólo.
Porque no hay acá mujer
que llene mi ansia loca
de perfección, perfección.
Tantas criaturas divinas
y uno tan solo y frío.
¿Dónde te encuentras, Eros,
engendro cruel y pícaro?
¡Te hallas en mi entorno
y en tu pérfida sevicia
encendiste en mí un añoro!
Abril de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
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viernes, 17 de junio de 2011
martes, 1 de febrero de 2011
El Anacoreta
Sin dejar en su eremitismo
De creer en la bella gente
En sus coloquios él presente
Se vuelve apóstata ahí mismo.
Sin odio rechaza la vida
En multitudinario exhausto,
La tierna existencia sin fausto
La cree más a su medida.
No cambiaría, en efecto,
La apacible vida estoica,
Ya que es en lazo perfecto
Una con su avenida lógica;
Dulce llamado del asceta,
Que aunque elegido no sea
De la turbulenta ralea,
Sin pena alguna la deserta.
Porque no es libre el hombre
Si no posee la paz en sí,
Aunque no sepa ciertas dichas
Saborea otro frenesí.
Mas le priva su inclinación,
Sin duda alguna, de cierto empleo -
Disgusto mayor, en verdad,
Si fealdad no es su defecto.
Porque solo amar no puede,
No se le presentan en su retiro
Los goces de la juventud,
Su delicia, su dulce delirio.
Pasa sus días con Dios,
Y aunque se vea siempre con Él,
Tristes son a veces sus días
Sin la amada que se acoja a él.
Agosto de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
De creer en la bella gente
En sus coloquios él presente
Se vuelve apóstata ahí mismo.
Sin odio rechaza la vida
En multitudinario exhausto,
La tierna existencia sin fausto
La cree más a su medida.
No cambiaría, en efecto,
La apacible vida estoica,
Ya que es en lazo perfecto
Una con su avenida lógica;
Dulce llamado del asceta,
Que aunque elegido no sea
De la turbulenta ralea,
Sin pena alguna la deserta.
Porque no es libre el hombre
Si no posee la paz en sí,
Aunque no sepa ciertas dichas
Saborea otro frenesí.
Mas le priva su inclinación,
Sin duda alguna, de cierto empleo -
Disgusto mayor, en verdad,
Si fealdad no es su defecto.
Porque solo amar no puede,
No se le presentan en su retiro
Los goces de la juventud,
Su delicia, su dulce delirio.
Pasa sus días con Dios,
Y aunque se vea siempre con Él,
Tristes son a veces sus días
Sin la amada que se acoja a él.
Agosto de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
miércoles, 22 de diciembre de 2010
La Melancolía
¿Qué es melancolía, si no es un añoro?
sensación dolorosa, mas dulce a su modo,
que en mares ignotos, un peso en mi pecho
ancla fuertemente la nave del contento.
Si de amor perdido o soñado se trata
¡A qué calma transporta a la sufrida alma
antes mecida por vehementes deseos
pasión embriagante y hervores intensos!
¡Oh, Amor, misterio entre los misterios!
Y, sin embargo, una acibarada calma
en sociedad se mece con bellas remembranzas.
Elijo no salir del ponzoñoso estado
que rebalsa mi pecho con humores amargos.
Un cuento que acaba, que nos gustó leer,
siempre apetecemos el retornar a él,
el pasado, empero, muere a cada instante
y el presente es un tálamo vacante.
Mas siempre dispuesta a compartir el vacío
yace una querida bien junto al individuo
y se me acurruca con amor infinito,
perpetua añoranza y opacos vestidos.
¡Oh querida, bien amada melancolía!
Abril de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
sensación dolorosa, mas dulce a su modo,
que en mares ignotos, un peso en mi pecho
ancla fuertemente la nave del contento.
Si de amor perdido o soñado se trata
¡A qué calma transporta a la sufrida alma
antes mecida por vehementes deseos
pasión embriagante y hervores intensos!
¡Oh, Amor, misterio entre los misterios!
Y, sin embargo, una acibarada calma
en sociedad se mece con bellas remembranzas.
Elijo no salir del ponzoñoso estado
que rebalsa mi pecho con humores amargos.
Un cuento que acaba, que nos gustó leer,
siempre apetecemos el retornar a él,
el pasado, empero, muere a cada instante
y el presente es un tálamo vacante.
Mas siempre dispuesta a compartir el vacío
yace una querida bien junto al individuo
y se me acurruca con amor infinito,
perpetua añoranza y opacos vestidos.
¡Oh querida, bien amada melancolía!
Abril de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
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