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sábado, 2 de julio de 2011

Carla

Carla, son tus castaños ojos
motivo de mi perdición.
Te imploro tu compasión,
pon a tu iris los cerrojos.

Me pierdo en paroxismo,
en tu mirada pesarosa,
honda, viva y ardorosa,
lascivo, tenebroso abismo.

¿Juegas tú con mis sentidos
a todo propósito tuyo
o es acaso como intuyo
y mutuos son los vahídos?

Hay algo de esa intención
en tus vivas formas candentes.
Entre lineas veo ausentes
el pudor y la remisión.

Mayo de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

domingo, 5 de junio de 2011

Timidez

En Otoño, las hojas fenecen
y nacen nuevas melancolías
y la soledad, dulce a veces
abre en el alma nueva herida.
¿Por qué echarse encima el peso
del mundo sobre cansados hombros?
Si con Eros debiese bastarme
y, sin embargo, lo desconozco.

El dulce placer del eremita
en cruz se torna con la morriña
del que protege su corazón
de los azares del buen amor.

Tan ajenos caminos tomaron
los que nacieron para juntarse,
rechaza mi juicio timorato
fundirse en amorosos trances.
Allí estás, aquí estoy, ¡Ay!
¡Qué duro es cuando la distancia
nada perjudica al demonio
que con requiebros nunca se sacia!

Son anejos los mayores gozos
a las tristezas más refulgentes.
El hombre paga así el precio
de cada circunstancia alegre.

Mayo de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

martes, 1 de febrero de 2011

El Anacoreta

Sin dejar en su eremitismo
De creer en la bella gente
En sus coloquios él presente
Se vuelve apóstata ahí mismo.
Sin odio rechaza la vida
En multitudinario exhausto,
La tierna existencia sin fausto
La cree más a su medida.

No cambiaría, en efecto,
La apacible vida estoica,
Ya que es en lazo perfecto
Una con su avenida lógica;
Dulce llamado del asceta,
Que aunque elegido no sea
De la turbulenta ralea,
Sin pena alguna la deserta.

Porque no es libre el hombre
Si no posee la paz en sí,
Aunque no sepa ciertas dichas
Saborea otro frenesí.

Mas le priva su inclinación,
Sin duda alguna, de cierto empleo -
Disgusto mayor, en verdad,
Si fealdad no es su defecto.

Porque solo amar no puede,
No se le presentan en su retiro
Los goces de la juventud,
Su delicia, su dulce delirio.

Pasa sus días con Dios,
Y aunque se vea siempre con Él,
Tristes son a veces sus días
Sin la amada que se acoja a él.

Agosto de 2010

© Wilhelmus Blaranzita