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domingo, 5 de junio de 2011

Timidez

En Otoño, las hojas fenecen
y nacen nuevas melancolías
y la soledad, dulce a veces
abre en el alma nueva herida.
¿Por qué echarse encima el peso
del mundo sobre cansados hombros?
Si con Eros debiese bastarme
y, sin embargo, lo desconozco.

El dulce placer del eremita
en cruz se torna con la morriña
del que protege su corazón
de los azares del buen amor.

Tan ajenos caminos tomaron
los que nacieron para juntarse,
rechaza mi juicio timorato
fundirse en amorosos trances.
Allí estás, aquí estoy, ¡Ay!
¡Qué duro es cuando la distancia
nada perjudica al demonio
que con requiebros nunca se sacia!

Son anejos los mayores gozos
a las tristezas más refulgentes.
El hombre paga así el precio
de cada circunstancia alegre.

Mayo de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

domingo, 6 de febrero de 2011

La Fría Doncella Insolícita

Las nubes aprontan atardeceres
y no nos dejan avistar por ello
en las alturas a discretos seres
recubiertos por acerado velo.

Antelan las nubes el aguacero
y bajo mi confortante cubierta
espero que caigan luego los cuerpos
que deshagan la sed de la tierra.

¿Sientes nostalgia por mejores tiempos?
No te lamentes del sombrío Invierno
La melancolía a su tiempo cede
al estío y sus halagos ardientes.

Es como doncella insolicitada
Y, no obstante, en tí vive y en mí
en la mitad febril de la jornada
frío podemos también sentir.

Mayo de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La Melancolía

¿Qué es melancolía, si no es un añoro?
sensación dolorosa, mas dulce a su modo,
que en mares ignotos, un peso en mi pecho
ancla fuertemente la nave del contento.

Si de amor perdido o soñado se trata
¡A qué calma transporta a la sufrida alma
antes mecida por vehementes deseos
pasión embriagante y hervores intensos!

¡Oh, Amor, misterio entre los misterios!

Y, sin embargo, una acibarada calma
en sociedad se mece con bellas remembranzas.
Elijo no salir del ponzoñoso estado
que rebalsa mi pecho con humores amargos.

Un cuento que acaba, que nos gustó leer,
siempre apetecemos el retornar a él,
el pasado, empero, muere a cada instante
y el presente es un tálamo vacante.

Mas siempre dispuesta a compartir el vacío
yace una querida bien junto al individuo
y se me acurruca con amor infinito,
perpetua añoranza y opacos vestidos.

¡Oh querida, bien amada melancolía!

Abril de 2010

© Wilhelmus Blaranzita