Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de septiembre de 2011

Fundido en ti deseo vivir por siempre

Morena, fundido en ti
deseo vivir por siempre.
Morir quiero, más que nada
yo en tí, tú en mi, siempre.
Morir, sí, ¡y no sentir
más la congoja fatal
en mi alma desbordada!

Perdido estoy por ti
y doy que por ti, mujer,
dos seres mis padres fueron.
Difícil es hoy creer
incorpóreos discursos,
¿mas quien duda de las penas
del corazón en el mundo?

Inicuo martirio es
el odioso sentimiento
cuando toda mi materia
atraída a ti siento.
¿Y si digo que no quiero
más que caer en tu regazo,
qué me dirías tú a cambio?

Morir quiero, más que nada,
mas por siempre confundido,
como si tan sólo uno
hubiésemos siempre sido.
Flotar hacia donde estás
y en una carne unirnos,
yo en tí, y tú en mí,
por siempre junto a ti.

Noviembre de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

sábado, 2 de julio de 2011

Carla

Carla, son tus castaños ojos
motivo de mi perdición.
Te imploro tu compasión,
pon a tu iris los cerrojos.

Me pierdo en paroxismo,
en tu mirada pesarosa,
honda, viva y ardorosa,
lascivo, tenebroso abismo.

¿Juegas tú con mis sentidos
a todo propósito tuyo
o es acaso como intuyo
y mutuos son los vahídos?

Hay algo de esa intención
en tus vivas formas candentes.
Entre lineas veo ausentes
el pudor y la remisión.

Mayo de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

viernes, 17 de junio de 2011

Anhelo Fugaz

En distancias infinitas
y en el tiempo eterno
se me consume en ascuas
el alma en tu recuerdo.
El corazón se me llena
de un goce melancólico
y en su bondad recurro
a las invenciones sólo.
Porque no hay acá mujer
que llene mi ansia loca
de perfección, perfección.

Tantas criaturas divinas
y uno tan solo y frío.
¿Dónde te encuentras, Eros,
engendro cruel y pícaro?

¡Te hallas en mi entorno
y en tu pérfida sevicia
encendiste en mí un añoro!

Abril de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

domingo, 5 de junio de 2011

Timidez

En Otoño, las hojas fenecen
y nacen nuevas melancolías
y la soledad, dulce a veces
abre en el alma nueva herida.
¿Por qué echarse encima el peso
del mundo sobre cansados hombros?
Si con Eros debiese bastarme
y, sin embargo, lo desconozco.

El dulce placer del eremita
en cruz se torna con la morriña
del que protege su corazón
de los azares del buen amor.

Tan ajenos caminos tomaron
los que nacieron para juntarse,
rechaza mi juicio timorato
fundirse en amorosos trances.
Allí estás, aquí estoy, ¡Ay!
¡Qué duro es cuando la distancia
nada perjudica al demonio
que con requiebros nunca se sacia!

Son anejos los mayores gozos
a las tristezas más refulgentes.
El hombre paga así el precio
de cada circunstancia alegre.

Mayo de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

miércoles, 6 de abril de 2011

Los Tres Afanes del Hombre

El hombre posee un complejo espíritu
que se asemeja a un nubloso plasma
al que no se puede ver ni palpar
ni oler o entender con facilidad,
mas que, estando aprisionado en un
recipiente bien perceptible y que
maleable es al gusto de la esencia,
puede observarse su actuar sin gran ciencia.

De tal forma es posible examinarlo
y aplicar en él métodos científicos:
analizar, anotar, comparar,
luego compilar y sintetizar.
Pasos que nos llevan a concluir
en la afirmación que hoy nos atañe:
y es que los vigores del ser humano
en tres afanes se ven concentrados.

Primero, el de dar en el amor
todas las fuerzas de la mocedad
y, en toda la vida o la gran parte,
a besos y caricias consagrarse.
En ver en la mitad y en uno mismo
dos partes iguales de una semilla
que, de asombrosa forma, se sustenta
con el calor que su interior genera.

¡Qué gran gozo es contemplar la visión
que de a poco nos revela sus brillos!
¡Y cuánto de candidez se requiere
para creer que otras dichas hubiesen!
La vista que nubla el discernimiento
y llena de ardor al ser infatuado
no es ilusión ni espejismo engañoso
¡es la certeza pura del arrobo!

Segundo, el afán de honras, de fama,
que no menos que las pasiones de Eros
revuelve iracundo el mar del delirio
donde zozobra el consciente navío.
La chispa que enciende todas las mechas
de todos los cañones y fusiles;
el embrión de los belicosos hábitos
que a tantos hombres ha privado de hálito.

¡Por qué tanto te molestas, pobre hombre!,
si la gloria nunca llega invitada:
se buscaría, pero no aparece
jamás en vida a los que la merecen.
Y la que sí se presenta no es más
que una gloria endeble, no duradera,
que pronto comienza a languidecer
al dejar las armas enmohecer.

Tercero es el afán de propiedad
la ambición desmesurada de holgura,
de una cómoda existencia burguesa,
sin preocupaciones ni tristezas.
En verdad hay no mayor aliciente
para el trabajo en común de los hombres:
el gran valor que asignamos al rango
que medimos en cosas que compramos.

¡Aquel que tenga ojos, pues que así mire!
a las tontas abejas disputarse
enloquecidamente el néctar dulce
que a raudo éxtasis su efluvio sume.
¿Mas puede uno honestamente decir,
bien puesta una mano en el corazón,
Que hubiese una vehemencia benigna
aún cuando todas sean dañinas?

Estos tres son los afanes humanos
que, amalgamados, dan como fruto
al espíritu, en su mayor parte,
y creo yo bastante razonable
que poco peco de vulgar simplismo
al hallar en la vida y en los hombres
pocas o ninguna cosa que sean
igual motivo de tantas faenas.

Y el orden en que estos se presentaron
sirve para juzgar de su valor
y es de esta trinidad el más loable
el de darse por entero a la amante.
Y es, por el contrario, el más cruel
al objetivo bienestar humano
el execrable culto a la materia
del que mide su vida en pertenencias.

Y concluir de tal forma se puede
a la noción de que se es más feliz
con pocas cosas y bastante amor
y moderado gusto en el honor.
Porque de tal instancia se reserva
mayor atmósfera para el espíritu
que se puede destinar a lo noble,
a lo más elevado del ser hombre.

Noviembre de 2009

© Wilhelmus Blaranzita

martes, 1 de febrero de 2011

El Anacoreta

Sin dejar en su eremitismo
De creer en la bella gente
En sus coloquios él presente
Se vuelve apóstata ahí mismo.
Sin odio rechaza la vida
En multitudinario exhausto,
La tierna existencia sin fausto
La cree más a su medida.

No cambiaría, en efecto,
La apacible vida estoica,
Ya que es en lazo perfecto
Una con su avenida lógica;
Dulce llamado del asceta,
Que aunque elegido no sea
De la turbulenta ralea,
Sin pena alguna la deserta.

Porque no es libre el hombre
Si no posee la paz en sí,
Aunque no sepa ciertas dichas
Saborea otro frenesí.

Mas le priva su inclinación,
Sin duda alguna, de cierto empleo -
Disgusto mayor, en verdad,
Si fealdad no es su defecto.

Porque solo amar no puede,
No se le presentan en su retiro
Los goces de la juventud,
Su delicia, su dulce delirio.

Pasa sus días con Dios,
Y aunque se vea siempre con Él,
Tristes son a veces sus días
Sin la amada que se acoja a él.

Agosto de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

lunes, 24 de enero de 2011

Frenesí Amoroso

Sufren tus cabellos rubios, blanca faz
y celestes ojos, el ardor de mi
abrasante iris, que en clima tan
suave como este, tales atributos
aclararon. Sufren tu figura y
formas ser la presa gentil de mis fauces,
por la crueldad del deseo indómito
y de mi fragor hechas montaraces.

Sufren tu pudor de doncella y
gracia virginal el furioso ataque,
fácil arremetida, a su fortaleza:
cómico recurso que muy pronto deja,
en intempestivo y feroz ataque,
tu ciudadela al descubierto.

Sufren tu gollete, pecho y tu boca
de los vehementes restallidos que
labios míos sueltan con fácil premura:
tan dulce lo que culmina de acerba
infatuación es. Mi mano impasible
se estremece con el suave contacto.
¿Por qué ante el deseo supremo
estar timorato? Porque emponzoñado
se encuentra tu amante por el veneno
de los Erotes, chiquillos impetuosos,
quen mi pecho con furia y capricho
diabólicos su dorada saeta
insertaron en la trémula carne.

Deliciosa angustia es el repentino
encuentro que junta a dos corazones
armónicos; como tal no hay en vida
escasa y breve. El corazón se
sumerge, la crisma se remonta y
el hombre ya no es dueño de sí
al mirar los rasgos simétricos y
la coqueta y bien contorneada
figura de una muchachita apenas
entrada en la alba de sus gracias.

Noviembre de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La Melancolía

¿Qué es melancolía, si no es un añoro?
sensación dolorosa, mas dulce a su modo,
que en mares ignotos, un peso en mi pecho
ancla fuertemente la nave del contento.

Si de amor perdido o soñado se trata
¡A qué calma transporta a la sufrida alma
antes mecida por vehementes deseos
pasión embriagante y hervores intensos!

¡Oh, Amor, misterio entre los misterios!

Y, sin embargo, una acibarada calma
en sociedad se mece con bellas remembranzas.
Elijo no salir del ponzoñoso estado
que rebalsa mi pecho con humores amargos.

Un cuento que acaba, que nos gustó leer,
siempre apetecemos el retornar a él,
el pasado, empero, muere a cada instante
y el presente es un tálamo vacante.

Mas siempre dispuesta a compartir el vacío
yace una querida bien junto al individuo
y se me acurruca con amor infinito,
perpetua añoranza y opacos vestidos.

¡Oh querida, bien amada melancolía!

Abril de 2010

© Wilhelmus Blaranzita

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Remembranzas de Pasión Perdida

¡Oh! - Fuiste un sueño alguna vez
hace años atrás en el tiempo.
Distinto no es a mi alma
que durmiendo me quites la calma.
Sueltas las riendas a mi furor
como si ideal tú no fueras;
lo real, si así es el ardor,
no me place si tú no me esperas.

¡Ay! - Sueño que a mí tú retornas
y haces arder en mí las ascuas,
mas otros labios te dan el beso,
triste mil veces es el poseso.
¡Pérfida! Se hizo a tu gusto
lo que de un principio quisiste,
Y si a tí fue aquello lo justo,
sin duda otra cosa sentiste.

¿Mas quien puede saber con certeza
de qué material está hecha Ella?
Lo que la Mujer piensa o siente
es un impulso, una corriente.
Dejaste al final en mi pecho
un cierto sabor resignado,
mas no deja de lado su acecho,
al despertar, tu espectro agraciado.

En vigilia, a cierta manera,
me curo del todo mis pesares;
a somnolienta herida o daño
es como el correr de los años.
Queda sólo huella de alegría,
borrosa imagen, pero de ensueño -
¡si todo gusto es fantasía
Y todo amor es sólo un sueño!

Agosto de 2010

© Wilhelmus Blaranzita