TEXTO (original de Don Quijote, segunda parte, Cap XVIII).
Si mi fue tornase a es
Sin esperar más será
O viniese el tiempo ya
De lo que será después.
GLOSA.
A lo luengo de la andanza,
¡se vive tan inconsciente!
Bien así es la nuestra danza:
es pérdida del presente,
sólo trazos de añoranza.
¿Pero qué es del mes a mes
sin que a la actualidad des
tu obligada reverencia?
Lloras mas bien la sentencia:
"Si mi fue tornase a es."
Pero en vano te lamentas
lo que quieres ser no puede,
poco importa lo que sientas,
porque Cronos nunca cede
y el tiempo no anda a tientas:
bien su trampa tejerá
y actos tuyos tornará
en gris y mustia polución
y tu pronta defunción
sin esperar más será.
Mas trágicos no seamos
poemas de jaez tal
por montones los contamos
y redunda siempre en mal
repetir lo que contamos.
En lo que el tiempo dirá,
a cada hora que vendrá,
dirijamos nuestras miras.
¡Cantemos a son de liras!:
"O viniese el tiempo ya
O en vivir no nos holguemos.
Siendo aquello lo forzoso
¡alegres por siempre estemos,
no nos veamos luctuosos!",
tales versos recitemos,
aunque no se encuentren diez,
ocho, seis, siquiera tres
que, en sus diarias jactancias,
prevean las circunstancias
de lo que será después.
Diciembre de 2009
© Wilhelmus Blaranzita
martes, 1 de marzo de 2011
martes, 22 de febrero de 2011
Seguro está el que se arrima a la verdad, puesto que...
Los hombres que, con sus doradas bocas,
Declaran la Verdad con distinción,
de tan rara naturaleza son,
tan peculiar el hado que les toca,
que de oro podrían, se me antoja,
levantarse sus homenajes por
todo lo ancho del mundo, señor,
en cada paraje que los acoja,
y nadie, aseguro, llegaría
con la idea de hacer ultraje
A estas sólidas fisonomías,
Vestidas con tan tentador ropaje.
Tan ocultas tierras ampararían
de estos héroes los homenajes.
Junio de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
Declaran la Verdad con distinción,
de tan rara naturaleza son,
tan peculiar el hado que les toca,
que de oro podrían, se me antoja,
levantarse sus homenajes por
todo lo ancho del mundo, señor,
en cada paraje que los acoja,
y nadie, aseguro, llegaría
con la idea de hacer ultraje
A estas sólidas fisonomías,
Vestidas con tan tentador ropaje.
Tan ocultas tierras ampararían
de estos héroes los homenajes.
Junio de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
viernes, 11 de febrero de 2011
Luporum Melus
Aun los seres más vulgares
entre la raza de los hombres
sus instintos plebeyos ciñen
al yugo de los buenos nombres
¡Qué extraño, en verdad, es ver
sentados a aquellos amigos
con tanto tacto declamando
sus tan insulsos artificios!
Es como si admitido fuese
en las diarias conversaciones
lo más soez mientras medie
entre aquello simulaciones.
Todo conforme y aceptado
es en tal ataviado son
mientras tengamos en acuerdo
mayoría de aprobación.
Si escrito tal fallo estuviese,
así el decreto diría:
"Feliz e idiota siempre sed,
mas no olvidéis la cobardía,
ya que sin este aditamento
tu estulticia no perdona
el tan pretendido amigo,
que a escondidas te baldona."
"Mas acordado lo anterior
no os olvidéis del inciso:
permitido es por la ley,
y a la ilusión es muy preciso,
que ataquéis al uno que no
sea de esta reverente,
que sutil lo torturéis sin
romper la concordia vigente"
Así, contentos y felices
a su gusto ellos vivieron
en la malla de la ilusión
que tan gustosos se tendieron;
si encarar la realidad
es verse en el feo aprieto
de contemplar en ellos mismos
la exhibición de los defectos.
Y mientras en dicho embuste
prosperan los Hijos de Dios,
el gentil, en cuya decencia
a toda prueba, dijo adios,
A su amada guarida vuelve,
a su círculo abandonado,
el orbe ingrato de los hombres,
en suficiencia, explorado.
¡En su cautiva inteligencia
uno no querría perderse,
donde toda la rebeldía
nunca puede dejar de verse!
¡Donde la bestia se libera
del sucio fango que hiede
a disimulo, fingimiento
y mentiras de toda especie!
En su medio, al fin desnudo,
el hombre se ve a sí mismo
y horrorizado, mas de ser
fragmento de tanto cinismo,
de toda la mendacidad,
que rellena la humana hondura,
sacude el alma y vuelve
a regirse por su cordura.
¡Instinto, gran violencia,
pasión, fuego, hambre de vida!
¡Mórbido humor, lo auténtico,
la existencia de orgullo henchida!
¿Y qué puede este cismático
decir a todos sus hermanos,
qué lección vamos a extraer
de su vivencia y de su engaño?
¡NO HAY!
Dejad la enseñanza,
un escolio lo dice todo:
"No soy hombre civilizado,
ni soy tampoco mono - ¡Soy lobo!"
Agosto del 2009 - Septiembre del 2010
© Wilhelmus Blaranzita
entre la raza de los hombres
sus instintos plebeyos ciñen
al yugo de los buenos nombres
¡Qué extraño, en verdad, es ver
sentados a aquellos amigos
con tanto tacto declamando
sus tan insulsos artificios!
Es como si admitido fuese
en las diarias conversaciones
lo más soez mientras medie
entre aquello simulaciones.
Todo conforme y aceptado
es en tal ataviado son
mientras tengamos en acuerdo
mayoría de aprobación.
Si escrito tal fallo estuviese,
así el decreto diría:
"Feliz e idiota siempre sed,
mas no olvidéis la cobardía,
ya que sin este aditamento
tu estulticia no perdona
el tan pretendido amigo,
que a escondidas te baldona."
"Mas acordado lo anterior
no os olvidéis del inciso:
permitido es por la ley,
y a la ilusión es muy preciso,
que ataquéis al uno que no
sea de esta reverente,
que sutil lo torturéis sin
romper la concordia vigente"
Así, contentos y felices
a su gusto ellos vivieron
en la malla de la ilusión
que tan gustosos se tendieron;
si encarar la realidad
es verse en el feo aprieto
de contemplar en ellos mismos
la exhibición de los defectos.
Y mientras en dicho embuste
prosperan los Hijos de Dios,
el gentil, en cuya decencia
a toda prueba, dijo adios,
A su amada guarida vuelve,
a su círculo abandonado,
el orbe ingrato de los hombres,
en suficiencia, explorado.
¡En su cautiva inteligencia
uno no querría perderse,
donde toda la rebeldía
nunca puede dejar de verse!
¡Donde la bestia se libera
del sucio fango que hiede
a disimulo, fingimiento
y mentiras de toda especie!
En su medio, al fin desnudo,
el hombre se ve a sí mismo
y horrorizado, mas de ser
fragmento de tanto cinismo,
de toda la mendacidad,
que rellena la humana hondura,
sacude el alma y vuelve
a regirse por su cordura.
¡Instinto, gran violencia,
pasión, fuego, hambre de vida!
¡Mórbido humor, lo auténtico,
la existencia de orgullo henchida!
¿Y qué puede este cismático
decir a todos sus hermanos,
qué lección vamos a extraer
de su vivencia y de su engaño?
¡NO HAY!
Dejad la enseñanza,
un escolio lo dice todo:
"No soy hombre civilizado,
ni soy tampoco mono - ¡Soy lobo!"
Agosto del 2009 - Septiembre del 2010
© Wilhelmus Blaranzita
domingo, 6 de febrero de 2011
La Fría Doncella Insolícita
Las nubes aprontan atardeceres
y no nos dejan avistar por ello
en las alturas a discretos seres
recubiertos por acerado velo.
Antelan las nubes el aguacero
y bajo mi confortante cubierta
espero que caigan luego los cuerpos
que deshagan la sed de la tierra.
¿Sientes nostalgia por mejores tiempos?
No te lamentes del sombrío Invierno
La melancolía a su tiempo cede
al estío y sus halagos ardientes.
Es como doncella insolicitada
Y, no obstante, en tí vive y en mí
en la mitad febril de la jornada
frío podemos también sentir.
Mayo de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
y no nos dejan avistar por ello
en las alturas a discretos seres
recubiertos por acerado velo.
Antelan las nubes el aguacero
y bajo mi confortante cubierta
espero que caigan luego los cuerpos
que deshagan la sed de la tierra.
¿Sientes nostalgia por mejores tiempos?
No te lamentes del sombrío Invierno
La melancolía a su tiempo cede
al estío y sus halagos ardientes.
Es como doncella insolicitada
Y, no obstante, en tí vive y en mí
en la mitad febril de la jornada
frío podemos también sentir.
Mayo de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
martes, 1 de febrero de 2011
El Anacoreta
Sin dejar en su eremitismo
De creer en la bella gente
En sus coloquios él presente
Se vuelve apóstata ahí mismo.
Sin odio rechaza la vida
En multitudinario exhausto,
La tierna existencia sin fausto
La cree más a su medida.
No cambiaría, en efecto,
La apacible vida estoica,
Ya que es en lazo perfecto
Una con su avenida lógica;
Dulce llamado del asceta,
Que aunque elegido no sea
De la turbulenta ralea,
Sin pena alguna la deserta.
Porque no es libre el hombre
Si no posee la paz en sí,
Aunque no sepa ciertas dichas
Saborea otro frenesí.
Mas le priva su inclinación,
Sin duda alguna, de cierto empleo -
Disgusto mayor, en verdad,
Si fealdad no es su defecto.
Porque solo amar no puede,
No se le presentan en su retiro
Los goces de la juventud,
Su delicia, su dulce delirio.
Pasa sus días con Dios,
Y aunque se vea siempre con Él,
Tristes son a veces sus días
Sin la amada que se acoja a él.
Agosto de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
De creer en la bella gente
En sus coloquios él presente
Se vuelve apóstata ahí mismo.
Sin odio rechaza la vida
En multitudinario exhausto,
La tierna existencia sin fausto
La cree más a su medida.
No cambiaría, en efecto,
La apacible vida estoica,
Ya que es en lazo perfecto
Una con su avenida lógica;
Dulce llamado del asceta,
Que aunque elegido no sea
De la turbulenta ralea,
Sin pena alguna la deserta.
Porque no es libre el hombre
Si no posee la paz en sí,
Aunque no sepa ciertas dichas
Saborea otro frenesí.
Mas le priva su inclinación,
Sin duda alguna, de cierto empleo -
Disgusto mayor, en verdad,
Si fealdad no es su defecto.
Porque solo amar no puede,
No se le presentan en su retiro
Los goces de la juventud,
Su delicia, su dulce delirio.
Pasa sus días con Dios,
Y aunque se vea siempre con Él,
Tristes son a veces sus días
Sin la amada que se acoja a él.
Agosto de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
lunes, 24 de enero de 2011
Frenesí Amoroso
Sufren tus cabellos rubios, blanca faz
y celestes ojos, el ardor de mi
abrasante iris, que en clima tan
suave como este, tales atributos
aclararon. Sufren tu figura y
formas ser la presa gentil de mis fauces,
por la crueldad del deseo indómito
y de mi fragor hechas montaraces.
Sufren tu pudor de doncella y
gracia virginal el furioso ataque,
fácil arremetida, a su fortaleza:
cómico recurso que muy pronto deja,
en intempestivo y feroz ataque,
tu ciudadela al descubierto.
Sufren tu gollete, pecho y tu boca
de los vehementes restallidos que
labios míos sueltan con fácil premura:
tan dulce lo que culmina de acerba
infatuación es. Mi mano impasible
se estremece con el suave contacto.
¿Por qué ante el deseo supremo
estar timorato? Porque emponzoñado
se encuentra tu amante por el veneno
de los Erotes, chiquillos impetuosos,
quen mi pecho con furia y capricho
diabólicos su dorada saeta
insertaron en la trémula carne.
Deliciosa angustia es el repentino
encuentro que junta a dos corazones
armónicos; como tal no hay en vida
escasa y breve. El corazón se
sumerge, la crisma se remonta y
el hombre ya no es dueño de sí
al mirar los rasgos simétricos y
la coqueta y bien contorneada
figura de una muchachita apenas
entrada en la alba de sus gracias.
Noviembre de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
y celestes ojos, el ardor de mi
abrasante iris, que en clima tan
suave como este, tales atributos
aclararon. Sufren tu figura y
formas ser la presa gentil de mis fauces,
por la crueldad del deseo indómito
y de mi fragor hechas montaraces.
Sufren tu pudor de doncella y
gracia virginal el furioso ataque,
fácil arremetida, a su fortaleza:
cómico recurso que muy pronto deja,
en intempestivo y feroz ataque,
tu ciudadela al descubierto.
Sufren tu gollete, pecho y tu boca
de los vehementes restallidos que
labios míos sueltan con fácil premura:
tan dulce lo que culmina de acerba
infatuación es. Mi mano impasible
se estremece con el suave contacto.
¿Por qué ante el deseo supremo
estar timorato? Porque emponzoñado
se encuentra tu amante por el veneno
de los Erotes, chiquillos impetuosos,
quen mi pecho con furia y capricho
diabólicos su dorada saeta
insertaron en la trémula carne.
Deliciosa angustia es el repentino
encuentro que junta a dos corazones
armónicos; como tal no hay en vida
escasa y breve. El corazón se
sumerge, la crisma se remonta y
el hombre ya no es dueño de sí
al mirar los rasgos simétricos y
la coqueta y bien contorneada
figura de una muchachita apenas
entrada en la alba de sus gracias.
Noviembre de 2010
© Wilhelmus Blaranzita
domingo, 9 de enero de 2011
Los Trabajos de la Juventud
Grande y soberbia, en mí siento
a la poderosa energía
del que no conoce el aspecto
del crepúsculo de los días.
Y al numen que a todos entrega
en los albores del trayecto
el bagaje de las pasiones,
de dolores y de emociones.
Congregados singularmente
fuerza, espíritu, y mente.
Son estos el fausto acicate,
son el obsequio inigualable.
¿Qué es, entonces, lo que yo hago
tirando mis cartas al pozo
sin siquiera haberlas jugado?
¿Por qué me dejo yo vencer
tan fácil por la dejadez?
Así y todo es raro ver
al que del muy veleidoso hado
recibe desde la niñez
el impulso de los trabajos.
Mas tal fenómeno gozoso
¡tan pronto aparece, nada es!,
pues la honra incipiente depara
a futuro muerte temprana.
Y esto hace a muchos preguntarse
si la honra tal destino vale.
Nos antojan vanas las ansias
del buque de doradas jarcias
que se hunde apenas arribado,
puesto que el océano infame
tan poco aprecia los milagros.
Y ahí nuestras almas navegan,
en la mar que quita y obsequia.
Y a fin de no ceder las velas
¿Qué más queda, sino el esfuerzo
ya que la furiosa marea
no se aplaca con simples rezos?
Actuemos cierta y virilmente
y dediquemos a obras nuestras
constancia, recelo y pasión
en todo instante de labor.
Hasta que deje el dios Eolo
de castigarnos con sus soplos.
Vale conocer bien temprano
De los númenes sus mandatos
y honrar a la naturaleza
obedeciendo a sus caprichos
con fiel y sincera entereza.
Y trabajar con gran deseo
en nuestras labores y empeños.
© Wilhelmus Blaranzita
a la poderosa energía
del que no conoce el aspecto
del crepúsculo de los días.
Y al numen que a todos entrega
en los albores del trayecto
el bagaje de las pasiones,
de dolores y de emociones.
Congregados singularmente
fuerza, espíritu, y mente.
Son estos el fausto acicate,
son el obsequio inigualable.
¿Qué es, entonces, lo que yo hago
tirando mis cartas al pozo
sin siquiera haberlas jugado?
¿Por qué me dejo yo vencer
tan fácil por la dejadez?
Así y todo es raro ver
al que del muy veleidoso hado
recibe desde la niñez
el impulso de los trabajos.
Mas tal fenómeno gozoso
¡tan pronto aparece, nada es!,
pues la honra incipiente depara
a futuro muerte temprana.
Y esto hace a muchos preguntarse
si la honra tal destino vale.
Nos antojan vanas las ansias
del buque de doradas jarcias
que se hunde apenas arribado,
puesto que el océano infame
tan poco aprecia los milagros.
Y ahí nuestras almas navegan,
en la mar que quita y obsequia.
Y a fin de no ceder las velas
¿Qué más queda, sino el esfuerzo
ya que la furiosa marea
no se aplaca con simples rezos?
Actuemos cierta y virilmente
y dediquemos a obras nuestras
constancia, recelo y pasión
en todo instante de labor.
Hasta que deje el dios Eolo
de castigarnos con sus soplos.
Vale conocer bien temprano
De los númenes sus mandatos
y honrar a la naturaleza
obedeciendo a sus caprichos
con fiel y sincera entereza.
Y trabajar con gran deseo
en nuestras labores y empeños.
© Wilhelmus Blaranzita
Suscribirse a:
Entradas (Atom)